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24. nov., 2016

CONOCIMIENTO TÁCITO

Cuando una persona se acerca al Coaching, en la gran mayoría de los casos, se acerca sin saber en qué consiste exactamente. Por eso es tan importante que el coach le explique con claridad en qué consiste esta metodología.

Muchas veces, en su idea, traen las palabras de acompañamiento, entrenamiento, cambio, objetivos, ayuda, escucha, preguntas, objetivos,… Como muy bien dice Leonardo Ravier en su libro “Coaching No Directivo”, cualquier proceso de ayuda que conozcas (formador, consultor, asesor, entrenador, psicólogo o terapeuta), cumplen esas palabras. Son personas que establecen procesos de “ayuda”, donde “acompañan” a otros, aportan feedback desde lo que “escuchan”, hacen “preguntas”, buscan que las personas se desarrollen desde su propia responsabilidad. Todos cumplen estas directrices. ¿Qué es lo que diferencia entonces al Coaching del resto de procesos de ayuda que existen?

El Coaching es la única disciplina que genera ayuda de DENTRO hacia FUERA. ¿Qué significa eso realmente? Que el coach no busca dar ningún tipo de información, no busca que el Coachee aprenda algo que esté fuera de él. Por tanto, el coach no le da información, consejos, formación. Porque el coach cree firmemente (¡es necesario que lo crea firmemente!) que las mejores respuestas están en el interior del Coachee. Es como un huevo. Si una persona rompe un huevo (desde fuera), conseguirá derramarlo, la clara y la yema se mezclarán. En cambio, cuando el huevo se rompe (desde dentro), contemplamos con asombro un precioso pollito.

En el ser humano pasa eso exactamente. Cuando una persona quiere conseguir un objetivo, un buen coach sabe ver el potencial de la persona. Y la persona, desde su potencial, es capaz de encontrar sus propias respuestas. De nuevo cito a Leo Ravier, él lo asemeja al proceso de aprender a montar en bici. El niño puede leerse muchos manuales de cómo aprender a montar en bici. Puede ver muchos tutoriales de YouTube para ver cómo se hace. La mamá puede estar diciéndole lo que tiene que ir haciendo. Pero al final, la única manera posible de aprender a montar en bici es que se suba. Es la prueba y error. Es conocimiento tácito (que no se transfiere, sino que es innato, creativo e implícito), frente al conocimiento transferible (el manual de cómo aprender a montar en bici o youtube).

Por eso el Coaching debe de ser siempre No Directivo: el coach no emite juicios, ni transfiere conocimientos ni experiencias sobre lo que el Coachee está trabajando. El coach escucha lo que estás diciendo, hace de espejo de lo que tú vas diciendo para que tú puedas reflexionar y luego te hace preguntas de lo que vas hablando y fijándose en el objetivo que estáis trabajando.

Al principio a la mayoría de los clientes este cambio les cuesta. Estamos demasiado acostumbrados a que nos den consejos, a que nos digan lo que tenemos que hacer. Pero cuando un cliente entra en un proceso de Coaching y empieza a mirar en su interior, descubre con alegría que las respuestas las tiene él. Descubre con alegría que los planes de acción salen solos de la conversación inteligente que ha tenido con el coach y ¡asombroso! ¡que han salido de él!

La mayoría de mis clientes comienzan con algo de respeto ante un terreno que desconocen. Es normal, no estamos acostumbrados a buscar el conocimiento tácito. Es normal, si recuerdas el primer día que montaste en una bici, ¿qué sentiste? Pero luego, se sienten muy contentos y muy empoderados. Y si no, recuerda cómo te sentías cuando, de adolescente, ibas montado en la bici sin tomar el volante con las manos.

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26. may., 2015

Quien hizo esta pregunta estaba entre confundido y enojado.  Dijo que escuchaba hablar cada vez más frecuentemente acerca de Coaching, pero que lo que escuchaba le resultaba contradictorio.  Dijo que algunas personas se habían comprometido a no revelar qué se hace en las sesiones de entrenamiento de Coaching, y por eso no se atrevía a contarle.  Algunos hablaban de una transformación de las personas que les permitía lograr niveles de excelencia.  Algunos decían que es una terapia alternativa, otros decían que el Coaching no es terapia.  Algunos hablaban acerca de las emociones y de desinhibirlas libremente, otros hablaban de un encuentro consigo mismos de descubrir el verdadero ser.

Mi interlocutor confesó que a veces le parecía que el Coaching es una estupidez, o una manipulación de personas emocionalmente vulnerables, o una suerte de secta que practica lavados de cerebro.

Le expliqué que el Coaching no es nada de eso.  Que el coach no pretende transformar a las personas (si es que verdaderamente trabaja con técnicas de Coaching), ni cambiar sus valores y creencias personales, ni sanar a quienes necesitan una terapia, ni curar fobias.  Es verdad que hay personas que quieren ser ayudadas en esos sentidos, y están dispuestas a entregarse en las manos de alguien que les diga: “Lo que tú necesitas es . . .”, o bien “Lo que a ti te está pasando es que estás angustiado, deprimido, etc.

Pues bien, tuve que explicarle a mi interlocutor que el coach no es un profesional que diagnostica, ni que te dice qué necesitas hacer, es más, le dije que el Coaching no trabaja con una escucha interpretativa de los problemas del cliente, porque lo que el cliente necesita es comprender por sí mismo qué le pasa, qué necesita, qué puede hacer, hacia dónde le conviene moverse, cómo, cuándo y con quiénes.

Su rostro pareció relajarse, y entonces me preguntó: ¿quiénes piden una sesión de Coaching, o en qué casos puede ser de ayuda? Contesté que generalmente lo hacen quienes reconocen que tienen dificultades para resolver solos sus problemas, sus dudas y vacilaciones, o quienes tienen dificultades para alcanzar sus metas u objetivos.  En verdad, le dije, cualquier persona puede pedir Coaching, por cualquier razón o motivo, porque lo distintivo del Coaching no es EN QUÉ casos te ayuda sino CÓMO lo hace.  A través de las conversaciones de Coaching, el profesional intenta ayudar al cliente a ampliar su conciencia (a “darse cuenta”) o a situarse como un observador diferente de la situación (mirar el asunto desde otros puntos de vista). Le ayudará a clarificar su meta describiendo indicadores precisos que le permitan accionar con sentido y saber cuándo ha logrado lo que realmente deseaba.  Luego lo ayudará a examinar su realidad (descubrir sus puntos ciegos) y sus opciones de acción en forma amplia y profunda. Finalmente lo acompañará en el diseño de una estrategia que lo lleve a pasar a la acción hasta lograr su meta.

En este proceso, a veces el coach puede identificar dificultades personales profundas del cliente que no siempre pueden ser resueltas solamente con Coaching. Puede haber situaciones traumáticas que bloquean el despliegue efectivo de la energía de la persona. A veces hay problemas con el auto-concepto y la autoestima que hacen disfuncional su contacto con los demás.  Puede haber pensamientos automáticos irracionales.  Puede haber temores u otras emociones que bloquean el desempeño exitoso. Puede haber realidades en el sistema familiar troncal del cliente que lo hacen actuar de determinadas maneras disfuncionales sin que él se dé cuenta.  Puede haber muchas otras causas que dificultan el desempeño eficaz y exitoso de las personas.  La tarea del coach no es actuar como psicólogo, o terapeuta, o constelador (Constelaciones Familiares), practitioner de Programación Neuro Linguística (PNL), o desde otras otras disciplinas. Quiero decir, si el coach actúa como coach.

No intento discutir la eficacia de los modos de ayuda que he mencionado en el párrafo anterior.  De hecho, yo soy Gestaltista (psicología), practitoner de PNL, docente, doctor en Filosofía, y trabajo juntamente con consteladores.  Lo que sí me interesa señalar aquí es que NINGUNA DE ESAS PRÁCTICAS SON COACHING.

Mi interlocutor me preguntó: ¿Y cuál es el problema con esto? El problema, le dije, es que los asistentes a sesiones anunciadas como COACHING, a veces son sometidas a terapias grupales, a sesiones de Constelaciones Familiares, de sanaciones de fobias, de catarsis colectivas, o técnicas de PNL, y creen haber asistido a una sesión de Coaching (porque así se “vendió” el evento). Más de una vez mis estudiantes y clientes me han contado que cuando alguien se enteró que harían Coaching, les dijeron: “prepárate a llorar mucho”.  Porque las manifestaciones emocionales son frecuentes en ese tipo de intervenciones (No digo que llorar sea malo, por el contrario, puede ser altamente desbloqueador y sanador).  Lo que hay que saber es que el Coaching no se trata de eso, y la ética profesional del Coaching nos obliga a distinguir lo que es Coaching de lo que no lo es.

Es más, debido a que se practica en el mundo un Coaching mezclado con otras técnicas, y que en algunos casos es coercitivo y hasta rigurosamente directivo, se ha visto la necesidad de acuñar el nombre “Coaching No Directivo” (CND), que puede ser considerado “la práctica más pura del Coaching”, porque es un método que se separa de las disciplinas mencionadas, e intenta desarrollar conversaciones con el cliente en las cuales éste mantenga su autonomía, esté a salvo de ser manipulado, y decida siempre qué hará y qué no hará para alcanzar sus metas o resolver sus quiebres.

El Coaching, en resumen, se puede definir como el arte de facilitar el desempeño, el aprendizaje, y el desarrollo de otra persona (Downey, 1999, p. 15). Es un proceso de acompañamiento en el que un experto (coach) aplica unas técnicas de conversación, un conjunto de escucha y preguntas, y otras estrategias conversacionales (espejar) para que otra persona (cliente o coachee) mejore su situación personal y/o profesional. Esta mejora se consigue optimizando los recursos personales del coachee (pensamientos, habilidades, competencias, destrezas, voluntad, motivación, etc.) durante el proceso de acompañamiento.

El objetivo de este proceso interpersonal es ejercer una influencia positiva por parte del coach  para mejorar el comportamiento y el rendimiento del cliente o coachee, de acuerdo con sus propios deseos y objetivos. Pero, el experto debe mantener una posición de neutralidad a lo largo de todo el proceso para no interferir en la toma de decisiones del cliente, ni transmitirle sus conocimientos o experiencias, pues su papel no es el de consultor, tutor, consejero o mentor. El coach no aconseja ni actúa de modo directivo sobre cómo hacer las cosas.  El cliente aprende a confiar en sí mismo, despliega su creatividad, ejercita su inteligencia, encuentra soluciones y se desarrolla de acuerdo a su propio potencial.